martes, 22 de mayo de 2012

Encerrada.


Es un lugar sombrío, sin apenas luz. Solo un haz de lumisonidad que abarca un único pequeño trozo de mi cuerpo que puede sentir el calor. En el medio todo, sin saber exactamente dónde, miro a los lados a ver si encuentro respuesta alguna a mi situación. Nada. Absolutamente nada. Me intento guiar siguiendo mis instintos, quiero llegar a la luz, pero cuanto más me acerco a ella más se aleja ella de mi. Vuelvo atrás. Sigo en el mismo estado se sobriedad. Pienso que la respuesta a cómo escapar me llegará sola, me enseñará y me marcará el camino a seguir. No, no es así. Estoy de pie con las manos cruzadas hacia atrás un buen rato. Vuelvo a intentar escapar. Sin remedio en un lugar tan inhóspito como este. No quiero buscar otro camino. Me rindo. No tengo escapatoria, ahí me quedo hasta que alguien me ayude. Tal vez pronto, o nunca, no lo sé, pero no me agrada el hecho de quedarme sola.

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