Hoy ha sido un buen día.
Me he levantado (como de costumbre) por los alaridos de la alarma del móvil. Cuando me vestí, me aseé y desayuné, salí con mi padre de camino hacia el coche, ya que por las mañanas me lleva a clase. De camino a las clases, vi a una señora que me resultó un tanto familiar, pero no le di mucha importancia. Más tarde, pude observar a un caballero (o no tan caballero), que iba con los pantalones del chandal de mi colegio. Lo raro, no es que llevase aquellos pantalones, sino que me resulto normal.
Ya en clase, a primera hora, yo creo que necesitaba un Redbull o algo estimulante, porque estaba absolutamente dormida, aunque a medida que avanzaba la hora, me iba relajando más. A segunda hora, nos tocaba Lengua. En esa clase estamos tranquilos. Bueno, relativamente, ya que siempre hay alguna persona a la que le gusta bromear. No negaré que pensase que no pasaría nada por esas ''bromillas'', que como de costumbre habían sido aguantadas. Pasó.
Y qué bien, por fin, empezó la estimulante clase de Matemáticas. Es tan divertida, me lo paso tan bien, me encanta. No, no es asi. Eso yo creo que es lo que piensan todos por sacar buenas notas en esta asignatura. No, definitivamente el tema de los gráficos no me gusta, prefiero la geometría. Después de una regañina de una hora y de esta clase, venía la clase de matemáticas. No me apetecía nada ir al aula, pero finalmente consiguió meter a todas las fieras en la jaula. Pero eso no significaba que las fieras escuchasen lo que decía su adiestrador. Estaban todos extrañamente callados. Estaba explicando algo de la perspectiva cónica... y como siempre, le preguntaba a Delac si se estaba enterando. Al final, no lo entendí del todo. Pero menos mal que Midons se sienta al lado mía, con ella se entiende algo, lo poco que se puede entender.
Por fin llegó inglés. Cómo explicarlo. Simplemente fue observar que nadie, repito, nadie, tenía los deberes y también la alegría que desbordaba la cara de la profesora, soltando una sonrisilla a veces un tanto siniestra.
Salí del colegio, me encontré de nuevo a esa (o eso creo) señora extraña, me seguía sonando su cara, ya que me parecía que era la misma que vi por la mañana. Me quedé mirándola extrañada, observando desde sus sandalias blanco marfil, hasta sus cabellos rubios. Parecía una señora de unos cuarenta o cuarenta y cinco años. Alta y de estuctura esbelta. Sigo sin saber quién es.
Cuando llegué a casa, pensé en qué hacer, ya que mañana no tengo clase. Me quedé pensando un buen rato, con lo que perdí unos diez minutos de mi vida. Al final, me dormí. Y al despertar, eran eso de las ocho, ocho y media... Y antes de lo que esperaba, a cenar y a escribir. Ahora, a ver si hay alguna película interesante por la televisión. Generalmente, los Lunes, ponen algo que me gusta.
Un día corto y agotador, además, viéndose acosado por el extremo calor.