jueves, 21 de junio de 2012

Once.


Sentirte de nuevo en mis brazos,
rozando con tus manos mi cabello,
solo un leve soplo de tu respiración me hace sentir mejor,
más viva, más tentadora, más temblorosa, más inquieta.

Dejar de lado lo malo, la vergüenza, el odio, la venganza.
Ser tú, y tú ser yo,
dos gotas sin par que no se quieren separar
mas al borde del abismo se deben distanciar.

No éramos, somos, ni seremos perfectos amantes ni esposos,
ni quizás tampoco siempre carnales y apasionados devotos al amor,
pero seremos simples y a la vez complejos enamorados
que se manifiestan con fervor.

No eres lo único para lo que existo,
pero lo sí lo único que me hace recapacitar, perdonar, amar.

Siempre has estado a mi lado cuando lo necesitaba,
con aconsejarme, sí, ya bastaba.

Estás tan lejos y tan suavemente cerca a la vez,
quiero sentirte y besarte, sonreír e incluso bailar contigo, y así
conservar el vago recuerdo de tus profundos ojos que me desconsuela,
la mirada por la que tanto habría dado.

Estés donde estés,
hagas lo que hagas,
en mi corazón yo te sigo,
mi gran y desconsolado amigo.

miércoles, 20 de junio de 2012

Diez.


Un silencio incómodo abarca mi casa, en cada espacio, en cada rincón, en cada milímetro cúbico de mi habitación. Yo, en mi cuarto tranquilamente o no tanto, teniendo cuidado incluso de que las teclas de mi ordenador no hagan ni un pequeño crujido, ni una pequeña insinuación de que podría estar escribiendo cualquier cosa. Cada pequeño tecleo se convierte en un gran estruendo en este silencioso hogar. Únicamente puedo consolarme al poder escribir rápido cuando pasa un coche con el volumen al cien por cien, como si a los demás les importase qué es lo que escuchan o ellos estuviesen tan sordos que esa fuese la única solución.

Añoro los días de soledad. Lo sé, es raro, pero es una nostalgia. Siempre he estado acostumbrada a estar sola en casa, a poder hacer lo que quiera cuando quiera, a ir a comerme la barra entera de pan y volver a comprar otra disimuladamente antes de la cena para poder remediarlo. Pero llegaba un punto en el que me resultaba muy costoso tener que aguantar el estar sola, sin ruido, sin respiración, como si estuviese inmersa en una cápsula estrecha y pequeña, en la que no había nada que hacer. Ahora, estoy acompañada en casa. No, no me gusta, no soy yo, no tengo el grado de libertad que tenía antes, no me puedo comer la barra de pan, porque claro, hay que comer y luego me lleno. Definitivamente me arrepiento de haber dicho que no me gustaba estar sola. Pero... ¿No existe un punto medio?

Dejo deslizar mis manos sobre las teclas, libremente, sin saber ni siquiera ni qué es lo que expreso ni quiero escribir. Sé que acabaré con esto en breve, mis dedos cada vez están más cerca del punto, más cerca de volver al incómodo silencio, a quedarme quieta, y volver al mundo lejos de la escritura y la imaginación, aunque siempre me quedará ser como Don Quijote.

miércoles, 6 de junio de 2012

Nueve.

Exámenes, exámenes y más exámenes. Biología, Tecnología y Sociales. Vale, a ver, tranquilidad, no te puedes suspender porque con que saques por lo menos un 2 o un 3 en cada asignatura me vale. Pero a ver a ver... ¿Qué me pasa con Biología? No se me queda en la cabeza. Tecnología, aparentemente fácil, ya, ya... Sociales, bueno, tengo más tiempo para estudiarlo, sí. No, hoy ya no estudio más.

Bueno, a parte de eso, todo genial. Soy bastante feliz, excepto porque en este momento me duele la rodilla, un dolor punzante, aunque más que dolor es molestia e incomodidad.

No han aceptado la solicitud de una Escuela infantil pública de mi ciudad. Contando que fui yo en penúltimo día que se podía traer a solicitud, lo traje el último día, normal que no la aceptaran. De todas formas, tenía la esperanza de que no la denegarían. No quiero irme de mi colegio. Tiene que estar en una escuela infantil en la que le pueda recoger y no cueste mucho. Vale, todo saldrá bien, o eso espero.